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El ecofeminismo en la obra de Diana Bama

Actualizado: 30 mar



Diana Barbancho, artista visual que firma sus piezas como Diana Bama, nació en Valencia, España y se mudó a México en 2014 al recibir una Beca Estancia para Creación Artística del gobierno de México. En la UNAM cursó una maestría de artes visuales con especialidad en dibujo. Pero el dibujo también lo ha trasladado hasta la pared. “Siempre había tenido interés en la parte del mural, en pintar o trabajar en el espacio público. Aquí [en México] ha sido donde he podido desarrollar casi toda la parte de mural”, comenta.



Algunas de las palabras clave que podrían describir la obra de esta artista son: ecofeminismo, animalismo, naturaleza, veganismo y feminismo. En especial hay un hilo conductor que es la representación de la mujer y tratar de romper un poco con los modelos de belleza y de feminidad habituales.



“Al principio ocupaba unos personajes femeninos que representaban a la mujer. Pero empecé a darme cuenta de que estaba representando a una mujer desnuda. Mi interés era romper ese canon de belleza. Pero me di cuenta de que con eso también estaba representando a la mujer como siempre se había estado representando en los museos: siempre estamos desnudas y expuestas. Entonces esa parte no me latió tanto y entonces decidí buscar otros elementos que dejaran expresar de lo que yo quería hablar, que tiene que ver con una teoría que es ecofeminista*”.



“Hay muchos tipos de ecofeminismo, el vínculo que tienen en común sería relacionar a la mujer con la naturaleza. Pero la parte que yo quiero resaltar, o el tipo de ecofeminismo del que quiero hablar es esta parte que relaciona a la mujer, tanto el cuerpo como el papel o rol que tiene que cumplir la mujer, con la explotación del animal. Como que las dos responden al mismo tipo de intereses que son económicos, intereses de poderes”, explica Diana y agrega: “la idea es, a través de juegos de palabras, de metáforas, buscar que en algunas imágenes se trabaje a lo mejor más una parte más feminista, y en otras, más animalista pero, la idea es vincular estas dos ideas”.

A través de sus dibujos y murales, Diana Bama expresa ideas alrededor de la opresión de seres que en la sociedad se han considerado como los débiles, sean mujeres o, en ocasiones, conejos, por ejemplo. Al mismo tiempo, sus obras buscan empoderar a estos personajes.




Los conejos, o más precisamente las conejas, han ocupado el personaje central de sus piezas. Este animal que está asociado con ideas de fertilidad, procreación y prosperidad. ¿Por qué eligió Diana Bama este animal? “Hubo varias cosas; por ejemplo, en España a la vulva, la vagina, se le dice conejo. Aunque es un poco despectivo. Pero también anatómicamente siento que [el conejo] funciona mucho porque tiene un cuerpito que es muy maleable. Luego, las características del animal, lo veo como ágil, avispado, tranquilo pero como que sabe resolverse y salir de situaciones complicadas”.



Diana hace comentarios puntuales acerca de situaciones y problemáticas sociales como la violencia, el feminicidio, la sororidad, el machismo. También pone sobre la mesa nociones de corporalidad y erotismo.



“Cosas que no tienen sentido de la sociedad machista y especista en la que vivimos. Intento poner mi granito de arena, aunque no me gusta mucho aleccionar. Aunque sí considero mi trabajo político, no quiero que sea muy aleccionador. Me interesa visibilizar, que la gente se cuestione, que a lo mejor lo vea y diga: ay, pero tiene chichis, pero qué es… y que cada quien saque su conclusión".



En 2017 Diana Bama participó en el proyecto Central de Muros, una serie de murales en la Central de Abasto de la Ciudad de México organizado por el colectivo We Do Things para mejorar este espacio. Su mural se titula “Zanagloria”, y en él se observa una coneja rodeada de algunas zanahorias. Sobre esta pieza, la más grande en dimensiones que ha realizado hasta ahora (20 x 6 m), cuenta:




“Intenté buscar una idea que relacionara lo que yo estoy trabajando y que tuviera un elemento que hiciera referencia a las frutas y verduras, todo hizo clic… a los conejos, ¿qué les gusta? ¡Pues las zanahorias! Y entonces me imaginé la zanahoria como dildo. Dije: voy a hacer una coneja gigante y que se esté masturbando con las zanahorias. Pero…. Tuve que ser sutil. Porque al final, si lo quitan, pues genera polémica al momento pero luego desaparece así que dije, voy a ser menos directa. Al final lo veía tan sutil que casi ya ni se entiende. Pero a mí lo que me sorprendió es que la gente se espantara tanto porque tiene vagina y chichis".



En varias de sus ilustraciones y dibujos hay una noción de levantar la piel y ver qué hay por dentro, ver los órganos, observar la parte natural, orgánica, la biología.

“Mi intención era generar personajes femeninos que rompieran esos cánones. Justo me di cuenta, te cuento que las mostraba desnudas, entonces como que las seguía exponiendo. Y por otro lado, la mayoría de veces que se ven en graffiti, están como hipersexualizadas, con las chichis hasta el cuello, o con cinturitas, con culos perfectos, redondos. Son esas cosas que digo: ¡chale! Si tenemos la posibilidad de poner algo en la calle, de insertarte en el subconsciente, que inesperadamente te encuentres algo, para mí está más chido que no sea algo ya establecido. Que rompa un poco ese canon o esa forma de entender de la belleza".



Diana Bama ha pintado obras en espacio público en la Ciudad de México, Puebla, Estado de México, Oaxaca, Querétaro, Baja California, Sinaloa, entre otras, y ha participado en el proyecto de Hidroarte, arte alrededor de instalaciones del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX). Respecto a pintar en la calle, y la responsabilidad que conlleva, dice: “Tú vas a un sitio, pintas durante una semana y al final te vas, estás modificando el espacio que están habitando otras personas, entonces tienes la responsabilidad de que hay gente que va a convivir con tu trabajo, va a convivir con esa imagen que tú vas a dejar.



“Para mí, la idea de hacerlo en la calle es por varios motivos. Uno que es el más tradicional o clásico que es, que el arte no solo forme parte de galerías y de espacios privados, o a los que no tiene acceso todo el público. Por otro lado siento también que se contextualiza en la calle, como que necesita de ella para que acabe de tener sentido. Si yo estoy haciendo unas imágenes que tienen una crítica social, que tienen que ver con esto que contábamos del feminismo y la parte animalista, esto de acoso, de la cosificación del cuerpo de la mujer que se da en la calle, entonces siento que la calle aquí en Mexico es un lugar de convivencia muy grande. La calle es el lugar más idóneo donde mostrar mi trabajo”.



*Mary Mellor, profesora inglesa de sociología, define ecofeminismo como "un movimiento que ve una conexión entre la explotación y la degradación del mundo natural y la subordinación y la opresión de las mujeres. Emergió a mediados de los años 70 junto a la segunda ola del feminismo y el movimiento verde”.


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